Que es la conciencia masónica

Solo a través de la guía de la conciencia podemos conocer el mundo Moral ya que El Estudio del Mundo Físico no da a conocer el Mundo Moral, este solo se comprende cuando la razón y el pensamiento libres de toda traba y coacción, someten sus percepciones a la consulta de la conciencia que es su guía por intuición, el mentor que hace distinguir lo bueno y lo malo, lo justo de lo injusto y le subleva contra los actos reprensibles o le entusiasma con las buenas acciones, la conciencia es patrimonio universal : en todas partes dicta las mismas leyes, entonces el Maestro secreto nos revela los principios de la Justicia y dirige a la razón, el pensamiento y la inteligencia y es pues la conciencia su guía.

¿Qué nos enseña la conciencia?

1.- Nos enseña a ser buenos.
2.- Indulgentes, porque vivimos con seres tan débiles como nosotros.
3.- Dulces, porque la dulzura atrae el afecto, el respeto y el cariño de los demás.
4.- Modestos para no generar envidia y no promover el orgullo de mis hermanos y de los demás.
5.- Perdonar las injurias, porque la venganza eterniza el odio.
6.- Hacer el bien a quien nos ultraja, para elevarnos a un nivel más alto que el suyo, convencerle del error que le ciega y convertirlo en amigo.
7.- Justos porque la justicia es el fundamento de la asociación humana.
8.- Respetar en nosotros mismos la obra más bella de la creación y a no reconocer otro Soberano que el Gran Arquitecto del Universo.

¿Para qué sirve la Conciencia?

1.- Para regular la Inteligencia
2.- Guiar e Ilustrar a la Razón y al Pensamiento.
3.- Dictar las Inmutables Leyes del Derecho y el Deber
4.- Obligarnos a Dominar la Voluntad
5.- Librarnos de los desvaríos y debilidades del Deseo

¿Cómo desarrollamos la Conciencia?

A través de la meditación diaria de nuestras acciones el Maestro secreto desarrolla la conciencia acostumbrándose a Juzgarse diariamente a si mismo, haciendo un recuento de sus acciones y el indicador de ellos será cuando siente en si propio la inefable satisfacción de haber cumplido sus deberes o el mortificante remordimiento de haberle faltado a ellos