La Palabra de pase

En algunos rituales se acostumbra a someter a examen al Aprendiz candidato al segundo grado, para asegurarse la Logia que éste ha comprendido el significado del Primero, y está pronto para recibir una nueva luz en su camino. En otras, como en la nuestra, se 1e pide al Aprendiz que someta un trabajo escrito sobre algún tema masónico. De una u otra manera, es necesario que el candidato demuestre su capacitación para el nuevo paso que va a dar, y una vez que lo ha hecho, se le da la “palabra de paso” que lo habilitará para entrar en una Logia de Compañeros.

En la época en que se redactó el famoso manuscrito de Anderson, que la Masonería actual considera como un monumento literario de la Orden, o cuando ésta se organizó definitivamente en la forma confederada que hoy tiene, después de la célebre reunión tenida en la Taberna de la Oca y la Parrilla, en Londres, en 1717, o cuando nuestro mártir Jacobo de Molay fue sacrificado por la criminal intolerancia religiosa de la masoneria ortodoxa, ya hacía muchos siglos que la Masonería tenía en su forma externa, una vestimenta bíblica. ¿Cuándo fue que los ritos traídos de Oriente perdieron su forma egipcia para ser adaptados a la forma judaica? ¿Cuánto tiempo llevó este proceso y cómo y por qué se efectuó? Esto es cosa que no se sabe, pero lo cierto es que ya para aquella época, las palabras sagradas y de paso, y los nombres de muchos signos, y las leyendas de todos los grados masónicos, casi sin excepción, estaban tomados de la Biblia judaica.

Es bien sabido que en los siglos XI, XII, y XIII, época de las cruzadas, los caballeros que marcharon a la “guerra santa” en tierras de Oriente, fueron cruzados … pero volvieron templarios, siendo ésta una de las explicaciones más aceptadas de cómo llegó la Masonería a Europa. Pero ¿por qué están tomadas del viejo testamento la mayoría de nuestras palabras sagradas y leyendas, y no del nuevo? La contestación no puede ser otra: porque aunque los hermeneutas y doctores de la iglesia cristiana lo ignoren, y algunos ni siquiera lo sospechen, los libros judaicos de la Biblia son iniciaticos, es decir: esconden alegóricamente en mitos y crónicas, verdades relativas a los secretos de la naturaleza y del Hombre. Hablar de esto requería escribir volúmenes enteros, pero nos vamos a permitir solo ofrecer una muestra de ello.

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