El secreto Masónico

El famoso secreto masónico, además, ha tenido siempre una gran connotación de refugio ante las persecuciones políticas y religiosas. Actualmente siguen existiendo hermanos y hermanas que prefieren el anonimato del secreto para salvaguardad su identidad ante los prejuicios y malinterpretaciones del mundo profano. En cuanto al secreto sobre rituales y procedimientos, hoy es difícil mantenerlo en la sociedad de la hiper-información, internet y las redes sociales.

Sí puedo aseguraros, sin embargo, que la mayoría de nosotros no queremos que se nos desvele nada ajeno a nuestro Grado y que esperamos pacientemente a alcanzar el siguiente para conocer las revelaciones que conlleva. Cada exaltación o aumento de Grado exige la preparación adecuada en el momento concreto. El férreo secreto sobre su contenido queda hoy como una opción voluntaria del iniciado, generalmente observada. Más allá del carácter cultural que muchos de nuestros símbolos tienen, como resultado del devenir de las civilizaciones desde la Antigüedad, existe una interpretación estrictamente masónica, aplicada al iniciado, que apela a su transformación ética, a sus responsabilidades como masón, a la observación de los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad y la forma de hacerlos reales en el mundo privado y en el conjunto de la sociedad.

Y esto es precisamente, queridos amigos, lo que nos impulsa a unirnos a la Masonería: el afán por conocer cómo el estudio y la comprensión de esos símbolos, formados en el transcurrir de los siglos, pueden hacernos progresar como seres humanos hasta obligarnos a mejorar como individuos y ser más aptos para la comunidad. Pero hablábamos de las palabras. De los conceptos.

He dicho que fue el Venerable Maestro quien me encargó esta alocución que nosotros llamamos “Plancha” como símbolo de la palabra grabada a buril y ésta es nuestra primera metáfora. Indica la voluntad de que nuestra expresión de pensamiento masónico sea recogida fidedignamente y pueda permanecer en el tiempo. Esta alegoría que nos remonta al origen de la escritura se formó hace muchos siglos, probablemente más de un centenar, cuando los escribas sumerios comenzaron a trazar signos en una técnica de transcribir el lenguaje humano, grabándolo mediante un punzón sobre una superficie adecuada como la arcilla húmeda o la cera y eligiendo la piedra para contener la memoria de lo que había de permanecer al resguardo del tiempo. Y diréis: ¿por qué Venerable? ¿Acaso lo veneráis, o es que debe ser siempre la persona más anciana?.

De nuevo acudimos al símbolo: el o la Venerable es el Maestro o Maestra que preside los trabajos en el sitial central del Oriente, llamado trono de Salomón por ser asiento de sabiduría y baluarte de justicia equitativa. Quien lo ocupa toma sobre sí la responsabilidad de dirigir la Logia durante un ciclo completo que suele ser un curso solar, que es como llamamos al año que comienza en el Equinoccio de Otoño.
No se trata ni mucho menos del miembro de más edad o experiencia sino de quien haya sido elegido por la totalidad de la Logia en votación secreta e inviolable. Se le llamaVenerable porque al ocupar el trono de la sabiduría su calidad de masón es venerada, es decir aceptada por todos. Su significado y uso entronca con la tradición asamblearia de muchos pueblos antiguos europeos y tiene raíz helenística en el arconte del Consejo de Ancianos y origen celta en el Gran Druida o Druida Mayor que presidía la Asamblea de los iniciados en los Misterios. En estos cuerpos colegiados de gobierno y consejo solía ocupar la presidencia el más anciano, y por lo tanto el más respetado, de los sabios o de la comunidad. Nosotros, que somos una sociedad racional, progresiva y proyectada a la Modernidad, no creemos relevante la edad sino el respeto que merece y la dignidad de quien ostenta el oficio de Venerable, pues su puesto es el de un primus inter en continua rotación. La persona que ocupa el sitial de Salomón es quien convoca a los hermanos, dirige la Tenida, tiene la última palabra en cuestiones de procedimiento y puede dictar arbitrios en caso de conflicto.

Hay muchos otros nombres entre los Oficiales de la Logia, como Maestro de Ceremonias, Tesorero, Guardatemplo, Maestro de Banquetes u Hospitalario. Todos ellos son evidentes, cumplen la función que denota el término, pero acumulan asimismo otras funciones simbólicas que sería prolijo de explicar aquí. Destaquemos que el Orador, a la izquierda del Venerable, y el Secretario, a su derecha, tienen sus sitiales en el Oriente porque deben dar fe del buen desarrollo de la tenida y firmar el acta de la anterior junto al Venerable. Sobre los tres brilla el Delta Luminoso con el Ojo que todo lo ve como emblema, sea éste el Gran Arquitecto del Universo, la Conciencia Universal, el Cosmos, Dios o nuestro planeta, pues la interpretación de los signos es libre en masonería y pertenece al pensamiento individual.

Digámoslo de una vez: somos ante todo librepensadores y escrupulosamente respetuosos con las creencias de los demás, siempre que no sean perniciosas, vulneren los derechos o se impongan por la fuerza. Y esta es una realidad empírica que ningún libelo, calumnia, enemigo, general fascista o líder comunista nos puede quitar y que nos aleja del concepto de secta manipuladora con el que tantas veces se nos ha motejado tanto por ignorancia como por interés político o religioso, así como, hay que admitirlo, por nuestro empeño en el secretismo, además del inevitable chismorreo venal o teñido de la clásica maldad humana.

Es cierto también que los masones no siempre manifestamos una conducta ejemplar. Las divisiones históricas y cierta tendencia a la fragmentación que ponen en tela de juicio la aspiración universal y el conflicto de vanidades o intereses que con frecuencia surge entre miembros de mismos talleres u obediencias, menoscaban nuestra credibilidad. Para lo primero, lo mejor es aceptar la multiplicidad de sensibilidades y la pluralidad de ritos como un rasgo de riqueza y libertad. Para lo segundo no queda más que la vigilancia sobre los egos trastornados, delirantes o inflados, de forma que se puedan controlar y no afecten negativamente al desarrollo sano de la convivencia, los trabajos y la reputación de la Orden. Lo cierto es que todos los francmasones del mundo, hombres y mujeres de cualquier rito o país, amamos la libertad ordenada y responsable, creemos en la igualdad a rajatabla, asumimos la riqueza en la variedad del mundo y estamos siempre dispuestos a escuchar porque respetamos lo otro, lo diferente. En eso sí somos una suerte de asamblea con una sensibilidad común, aunque no funcionemos con el dogmatismo ni las reglas habituales de las llamadas “iglesias”.

Si seguimos observando en torno al Venerable, vemos que el Sol y la Luna presiden el Oriente luminoso de donde simbólicamente viene la luz del Conocimiento. El Sol representa la Luz y el calor que emana el Venerable hacia la Asamblea de hermanos. Son tan numerosas las implicaciones culturales e iniciáticas del astro rey en la Historia de la Humanidad, que resultaría imposible intentar abarcarlas aunque fuera de forma aproximada en esta Plancha. Baste recordar que como criaturas vivientes somos hijos del Sol y que nuestra mera existencia depende de sus benéficos rayos. Que prácticamente todos los ritos antiguos le rendían tributo, cuando no adoración y que los jóvenes dioses de las grandes religiones tales como Krisna, Horus, Mitra, Baco y el propio Jesús, sustancias proclamadas de la gran divinidad, nacieron en el Solsticio de Invierno cuando la luz del sol comienza a crecer y se celebraba la fiesta del Sol Invictus.

Tanto el Solsticio de Invierno como el de verano son las fiestas mayores de nuestra Fraternidad, pues ambos hitos naturales marcan puntos de inflexión en la intensidad y duración diaria de la luz. Como en muchas de las civilizaciones que nos precedieron, nosotros aprovechamos las “puertas cósmicas” que producen estos momentos de alineación del sol para reflexionar y celebrar la maravilla de la vida y el cosmos, antes de continuar con los trabajos y el pulimento cotidiano de nuestra piedra. La implicación de la Masonería con la Naturaleza y el Cosmos es tanta que, más allá de la especulación filosófica y el debate ético, tenemos siempre presente los grandes elementos que forman nuestro mundo circundante como seres humanos en el planeta Tierra. Así, el Sol no está representado sólo por su efigie iluminada en el Oriente sino también por su recorrido celeste de doce años, el perihelio, simbolizado por el cordón que atraviesa las Columnas del Septentrión y el Mediodía a través de los signos zodiacales fijados por las antiguas civilizaciones. Y aquí hay que recordar que el propio nombre de Salomón, cuyo sitial preside el Oriente, contiene tres sílabas [Sol-om-on] que significan “sol” en tres lenguas primigenias del habla humana, de manera que el nombre hermético de este Gran Maestro iniciado de los hebreos se identifica con la plenitud de la luz solar, con la Sabiduría atenta y fecunda. Por otra parte, la sucesión zodiacal y las posiciones del Sol y la Luna se complementan con la representación de un firmamento tachonado de estrellas en el techo del Templo. El océano del cosmos tiene una parte más oscura, de color azul-prusia en contraste con el añil restante, que simboliza el núcleo, un maremágnum estelar que avanza desde Oriente y representa a la Vía Láctea como fuente nutricia. Es el símbolo del Gran Camino que debe efectuar cada francmasón dentro del inmenso Campus Stellae que es la vía histórica de los iniciados. En la vanguardia de la avanzadilla destaca una estrella sobre las demás: es Sirio, el astro más brillante del universo nocturno y el amanecer de la luz. Veinte veces más potente que nuestro sol y dos veces más grande, pertenece a la Constelación Canis Major(Gran Perro). Las antiguas escuelas mistéricas en Caldea, Tebas y Eleusis, lo consideraban “el sol detrás del sol” y como tal, la verdadera fuente de potencia del astro rey de nuestra sistema planetario. Si el calor y la luz del Sol mantienen vivo nuestro mundo físico, a Sirio se le considera la fuente de energía que alimenta el mundo espiritual.

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